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A LOS DE NOTRE-DAME
Notre Dame erguida en la penumbra de los siglos,
Recogida al abrigo de las velas.
Velas de verdad con su llamita del alma,
Del deseo y gratitud.
Con el poder de reclinar al más bravo,
De ensimismar al más frío.
¡Yo te pido Dame…!
¡Yo te pido...!
En tus naves laterales,
los bustos soportan la indiscreción de siglos de ojos rogando.
Dame es el esfuerzo del peso y la destreza de manos.
Es tallar los troncos longevos, esculpir las rocas de quietud santa.
Alzar la forma plana, la que es causa y fin.
¡Tantos soles y lunas de tanta gente!
y el jorobado enamorado.
¿Qué escribiría Víctor hoy
Si lloran las techumbres en el cielo del bosque?
Alzar
Moldear
Pintar
Y creer.
Para que una chispa derrumbe al instante,
La plegaria, la confesión, el espíritu y la razón.
Yo te pido Dame…
¿Qué fue del tesoro de reliquias engalanadas de plata
En una primavera de muerte?
Con esa sensación de lujo idólatra,
De despilfarro caduco de gris eterno.
Sí, porque el gris es el color del rezo interminable,
de la súplica que nos postra, definitivos,
Para comulgar con lo mejor de nosotros,
Inclinados y ofrecidos
Para conectar de una vez y con todos
la llama que nos sale del alma.
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A TI TE ESCRIBO
La destreza es el oficio.
La claridad el karma del poeta.
Escribo palabras con cáscara
Para que las yemas te sangren,
Para que no las doblegues.
Las quiero atrevidas como un golpe de viento
O una mujer en la playa.
Para que afronten tu grito.
Palabras como agua de fuente,
Palabras de frente erguida
Como la estaca en el camino.
Las quiero mías y que tú las comprendas
Y tuyas y que yo las merezca.
Pero las quiero fuera
Fuera de mi cabeza.
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