ALGA Revista de Literatura
nº91-92 - Año 2024




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Enric Velo
  • Lucía León
  • Goya Gutiérrez

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Foto de la colección "Paisajes para un sueño"
      de Teo Serna

    Sumario
    http://revistaliterariaalga.com/

    Poesía

    RAMÓN GARCÍA MATEOS

    RAMÓN GARCÍA MATEOS (Salamanca, 1960). Ha sido Catedrático de Lengua y Literatura Españolas de Enseñanza Secundaria y profesor de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. Es autor, entre otros, de los libros de poemas Morfina en el corazón (2003), Como otros tienen una patria (2007), Daguerrotipos moderadamente apócrifos (2012) y Retratos y figuraciones / Retratos e figuraçoes (2023; edición bilingüe español-portugués). Como narrador, es autor del dietario Memoria [amarga] de mí (2006) y de los libros de relatos Baza de copas. Ajuste de cuentas (2012), Verdades y fingimientos (2016) y Comer, beber y contar. Historias arrimadas a la cocina de la necesidad (2022) y de la novela El hijo de la tamalera (2020). Tiene en su haber diferentes premios literarios como el Blas de Otero o el Ciudad de Salamanca entre otros. Ha sido traducido al italiano y al portugués. Junto a Carme Riera, es el responsable de la edición crítica de la Poesía Completa (2009) de José Agustín Goytisolo. Ha traducido al castellano la poesía reunida del poeta catalán Gerard Vergés: La raíz de la mandrágora (2005).

    GAZA

    Los niños mueren en Palestina
    reventados por las bombas que caen
    inmisericordes sobre escuelas
    y hospitales. Hay que decirlo
    una y otra vez, hasta que la lengua
    se nos seque de rabia y de vergüenza,
    hasta que la cuchilla de la desolación
    saje sin remordimiento nuestros ojos,
    hasta que las kufiyas flameen en el aire
    sin sangre, sin odio, sin venganza.
    Las mariposas negras del desierto
    lloran inconsolables su desdicha
    obligadas a sembrar la sombra
    de la muerte, el pálido autillo persa
    niega su canto nocturno a los fusiles
    de los francotiradores y contempla
    la luna ensangrentada con un niño
    de la mano, los lagartos de cristal
    se ocultan bajo los refugios otoñales
    huyendo de la barbarie venenosa
    de los asesinos. Hay que gritar, gritar,
    gritar, para que lo oigan los poderosos
    de la tierra, para que las tarazas,
    la zumaya y la serpiente de Pallas
    sepan que no están solas en su dolor,
    para que a los niños palestinos
    les acaricie el hálito de la esperanza,
    para que por una vez los desterrados,
    los miserables, los pobres, los inocentes
    no sufran en su carne la ambición
    de los criminales. Hasta que la lengua
    se nos seque de rabia y de vergüenza.

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