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TIERRA MÁRTIR
Irrumpió la vergüenza.
Quedó la inocencia inmóvil en su lecho, acribillada
por millones de estrellas enemigas.
Llegó la tempestad,
encrespó la aterrada superficie
con un hedor de sacrificio,
reventó los cimientos del templo,
hizo el dolor insoportable.
No crecerán espigas de esta honda congoja.
Desde el más hondo precipicio
estallan bocanadas de pánico
en todas direcciones.
La nube es negra y vuela hacia lo alto.
Corona de martirio el arco iris.
No es lo mismo temor que pérdida,
chispa que fuego,
rumor que estrépito.
No es lo mismo un ser mortal
que una criatura muerta.
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Fotografía de la colección "Paisajes para un sueño"
TEO SERNA
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RUINAS
Los sueños son apenas esquejes
sembrados en un profundo surco,
sin un signo de vida.
Es posible vivir entre las ruinas,
ver cómo desfallecen los pasos
desangrándose.
Es posible recorrer las alturas
y ver cómo se mudan en cascotes
las trasudadas casas.
Es posible maldecir el camino
que lleva hasta otro mundo,
cuando alguien se muere, suspendido
entre las nubes y la grava
como un hermoso pájaro.
Sobre la tierra, un animal herido
señala con sus huellas los puntos cardinales.
Ha olvidado cómo llegar a casa.
Se recorta en la esquina el nombre de la calle
con sus letras de molde
igual que en una tumba.
Del poemario inédito Tiempo muerto.
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MUERTE IRACUNDA
Perdidas oraciones de beatas,
las de salmos antiguos ya prescritos,
de reos sentenciados y contritos,
de seres hacinados como ratas.
No sirvieron ofrendas, hojalatas,
sacrificios humanos, falsos ritos,
los óleos consagrados y benditos
para calmar la furia desatada.
Nadie te ve llegar porque estás dentro,
desprendida de luz, descoyuntada,
sin rumbo ni memoria, a la deriva.
Pero sales de pronto a nuestro encuentro
y nos tragas con hambre acumulada.
Eres solo una sombra inexpresiva.
Del poemario inédito Tiempo muerto.
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