|
LA CANCIÓN V, DE GARCILASO DE LA VEGA
Garcilaso (Toledo 1501? - Niza 1536) era un noble segundón, culto, de buena planta, valiente soldado, favorito del Emperador Carlos I y de las damas. Pero sobre todo era poeta y fue el feliz mortal que usó esta estrofa italiana, la lira, con éxito en castellano y lo hizo con profusión y acierto. Tanto que fue la convirtió en la estrofa preferida por los grandes poetas del siglo XVI, Fray Luis de León y San Juan de la Cruz. La estructura de la lira es variable; la más frecuente es cinco versos heptasílabos y endecasílabos rimando en consonante: 7a, 11B, 7a, 7b, 11B. La "lira" se llama así porque es ese el primer sustantivo que aparece en la Canción V, en el primer verso "Si de mi baja lira".
Garcilaso escribió la Canción V durante su estancia en Nápoles (1532-36). Está dedicada "A la flor de Gnido", que era Violante Sanseverino, hija del duque de Soma, que vivía en un barrio napolitano llamado Nido (el poeta transforma Nido en Gnido, ciudad famosa por su templo y estatua dedicados a Venus). De ella estaba profundamente enamorado un amigo de Garcilaso, Mario Galeota, al que no hacía caso, por lo que andaba melancólico, desganado y alejado de sus habituales quehaceres caballerescos. Garcilaso le escribió este poema para ver si la reblandecía.
Comienza haciendo referencia al mito de Orfeo (que tocaba tan bien la lira que los árboles y peñas cambiaban de lugar, los ríos suspendían su curso y las fieras se amansaban) y a Marte (dios de la guerra). Luego refiere el malestar de Mario Galeota por la desatención de la dama, su melancolía, su desgana por la vida y, jugando con su apellido, lo imagina galeote amarrado a la concha de Venus (recordemos el bello cuadro de Boticelli Nacimiento de Venus), e incluso el cambio de humor hacia los amigos. Y en la última parte, a modo de amenaza, recuerda a la bella Flor de Gnido la triste historia de la bellísima y fría Anajárete.
El poema es largo y con alusiones circunstanciales de la época que dificultan su lectura placentera. Yo lo aprecio mucho y deseando que no quede reservado para unos pocos iniciados, he adaptado algo, refundido otro poco y convertido en prosa la última parte del poema dedicado a la historia de Anajárete. Creo que así es más placentera y legible su lectura. Las partes retocadas van en cursiva. Espero que estas líneas inciten a la lectura completa que podéis encontrar fácilmente.
El caso de Anajárete
Anajárete era una bellísima joven de noble y acaudalada familia chipriota, que se caracterizaba por su insensibilidad y frialdad: era impasible como la piedra.
Ifis, un joven de familia más modesta, se enamoró perdidamente de ella y se le declaró insistentemente, siendo rechazado a veces de forma cruel y humillante. Desesperado por el trato despectivo que recibía de la que tanto amaba, Ifis se suicidó ahorcándose una madrugada ante el portal de la casa de Anajárete.
Al ver aquella terrible escena, la joven permaneció impasible y ordenó a los criados que trasladaran el cuerpo de aquel insensato a casa de sus padres. El día del funeral de Ifis, el cortejo fúnebre pasaba justamente por la calle de Anajárete. Esta se asomó a verlo movida por la curiosidad, pero sin sentir ningún tipo de emoción ante aquel joven que había muerto por ella.
Venus convirtió a Anajárete en mármol conservando así su imagen para siempre fría, insensible y tan impasible como su corazón cuando vivía.
La historia de Anajárete está en la "Metamorfosis" de Ovidio y se explica como un castigo de Afrodita (Venus) por esquivar los juegos del amor: si su corazón era insensible como la piedra, toda ella lo sería.
|
CANCIÓN V Oda a Flor de Gnido
Si de mi baja lira
tanto pudiese el son, que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento,
y la furia del mar y el movimiento,
y en ásperas montañas
con el süave canto enterneciese
las fieras alimañas,
los árboles moviese,
y encantados por él tras mí viniesen,
no pienses que cantado
sería de mí, hermosa flor de Gnido,
el fiero Marte airado,
a muerte convertido,
de polvo y sangre y de sudor teñido.
Mas solamente aquella
fuerza de tu beldad sería cantada,
y alguna vez con ella
también sería notada
el aspereza de que estás armada;
y cómo por ti sola
y por tu gran valor y hermosura,
un hombre sufre y llora
su amarga desventura
y sin consuelo está cercano a la locura.
Hablo de aquel cautivo,
de quien tener se debe más cuidado,
que está muriendo vivo,
al remo condenado,
en la concha de Venus amarrado.
Por ti tiene olvidadas
las nobles aficiones de su estado:
ni ejercita la espada
ni, a su bruto abrazado,
compite con Eolo por el prado.
Por ti, su blanda musa,
en lugar de la cítara sonante,
tristes querellas usa,
que con llanto abundante
hacen bañar el rostro del amante.
Por ti, el mayor amigo
le es importuno, grave y enojoso;
yo puedo ser testigo
que ya del peligroso
naufragio fui su puerto y su reposo.
Y ahora en tal manera
vence el dolor a la razón perdida,
que ponzoñosa fiera
nunca fue aborrecida
tanto como yo de él, ni tan temida.
Que el caso de Anajárete
suavice de tu alma el aspereza,
que por hacer alarde
de frialdad y dureza
en mármol tornó Venus su belleza.
|