ALGA Revista de Literatura
nº91-92 - Año 2024




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Enric Velo
  • Lucía León
  • Goya Gutiérrez

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Foto de la colección "Paisajes para un sueño"
      de Teo Serna

    Sumario
    http://revistaliterariaalga.com/

    Narrativa

    CESC FORTUNY I FABRÉ

    CESC FORTUNY I FABRÉ (Barcelona, 1971) es autor de los poemarios La misteriosa canción de la sangre (Paralelo Sur 2010) El silenci plou sobre les pedres (Alva Eno 2013) La dolorosa partitura del miedo (Alkaid Ediciones 2014) y Métodos para ahogar con la nariz (La Náusea 2019). También es coautor de Comiendo pelos como herejía poética con Marian Raméntol (Atenas 2008). Ha participado en varias antologías. Es autor de la novela de terror experimental Quirófano en el bosque (La Náusea Ed 2020). Traducido al inglés, rumano y armenio, publica poesía, narrativa y ensayo en revistas como BaBab, Kokoro, Alkaid, Paper de vidre, Periscopio, La Náusea, El coloquio de los perros, Noche Laberinto o El Humo y otras http://cescfortunyfabre.wordpress.com

    HONGO NEGRO (Fragmento)

    Las señales llegaron a vosotros como un cáncer de otoño, como un vendaval de sonidos y de alarmas antiaéreas, un camino de hormigas acústicas que recorrió distancias imposibles antes de martillearos los tímpanos e instalar sus guaridas en ellos. Un océano de ondas mecánicas que corretearon a través del fluido, que vibraron con él.

    Ahora ya solo recordáis que los niños subieron a la biblioteca de la torre en busca de un libro … "Breve historia del tiempo" de Hawking. Lo habíais leído hacía ya años. De hecho, os lo leyó Padre a vosotros, lo recitó en un tibio atardecer de Absenta, os lo leyó atravesados por la vagina húmeda del sueño que os jugó con deseos de cartón en vuestro mar turquesa y atada con abandono, con las hojas pacientes que os pudrieron los restos, vuestra mente se quebró. Os lo leyó a todos, a todos menos a los niños.

    Pero el libro no estaba.

    Primero pensasteis que los niños no eran capaces de encontrarlo, que vuestras ratas rodeaban sus pies pequeños como el cemento que quiere expresarse, aunque no sepa cómo, que las viejas ciegas que cruzan las autopistas montadas en hojas de afeitar y melancolías, se deslizan sobre tornillos decapitados y que al final, es mejor hacer las cosas uno mismo. Así que subisteis y buscasteis.

    Estuvisteis días perdidos entre verdad y costumbre llorando a los difuntos rumores del cielo, escarbando entre montañas de palabrería y letras, muchas letras, y ni el aliento de animal muerto, ni el estertor de los niños, ni el vuelo los perros surcando el mundo montados en tuercas, os hicieron desfallecer. Aun así …

    El libro no estaba.

    Entonces pedisteis ayuda a los perros y taladrasteis los espejismos porque os contaron que los peces se habían puesto a pelear y que una hierba negra había crecido sobre viejos y gatos como un enjambre de aullidos. Los viejos os contaron que querían transformarse en un animal y que deseaban haber estado ausentes demasiado tiempo y que cuando se acabó el mundo detrás del mundo, se acabó la oscuridad tras los ojos que era como una huella muy antigua en una tierra sin narración. Os confesaron que en este frío absurdo al borde del precipicio cayeron sobre vosotros la luna y el miedo, pero que sin hablar el idioma del silencio ni Lucifer fue despedazado en el trapecio ni fuisteis arrestados por la sábana en la que descansan las estrellas.

    Así que comprendisteis que sois un instante de dolor perdido en un cosmos de carne, algo muerto que parece por momentos vivo aún.

    Meses después, los niños rezaban en las cunetas a un espíritu flotante que visita el porvenir y sangraban por los ojos y temblaban de terror.

    De reojo habían visto varias veces unas sombras que correteaban como un paño negro y arrugado que saliera disparado hacia la nada. Y los niños fluyeron por las escaleras como un agua de vida que os mostró el camino, una pequeña conmoción en la escalera del búnker.

    Cuando nació la primavera y el Sol estaba bajo el signo de Virgo, y cuando Madre empujaba para dar vida a los monstruos, los insectos, pequeños roedores y reptiles, en lo más profundo del bosque, callaron sorprendidos por la linterna, callaron, escondieron que Madre ya no podía ayudaros, aunque vivierais en esta ciudad cimentada de dolor y le pidierais auxilio desesperados.

    Madre no os oyó porque sus gritos ahogaron los vuestros.

    La búsqueda no dio ningún fruto y de hecho estuvisteis pronto de acuerdo en que más que de insectos se trataba de ratones, quizás pequeños gatos ... aves de poco tamaño ... gallinas. (...)

    (…) Estáis derrumbados como el insecto en el abdomen aullador de sus enjambres. Por fin, la nube densa pesa sobre el silencio y el campo gravitatorio del bosque atrae al hongo con la ferocidad de la baba. Creo que quiere ser salvaje y que en la puerta del búnker la arboleda se arrastra por un corredor infinito.

    Si se nos obliga a ser monstruos, acabamos teniendo el único deseo de ser monstruos.


    Children like fruits that grow on a tree.
    (Del la colección "Lighting. Silhouettes & backlighting") (Castelldefels, 2009)

    ENRIC VELO

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