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EL AMOR Y LA MUERTE
Aquel hombre recuerda el funeral
de su tía, la hermana de su padre.
El sacerdote en su responso
disertó sobre el amor y la muerte.
A través de los hombros y cabezas
se clavaban sus ojos en el féretro,
las palabras del cura resbalaban
como arena menuda entre los dedos.
Escuchó la palabra amor
y dejó de mirar el ataúd:
"¿Adónde va el amor cuando morimos?
No puede perecer cuando nos vamos."
Ahora que ha perdido
aquel hombre a sus seres más amados
se convierte el enigma en profunda tristeza.
Querría, como el sacerdote,
que el amor venciera a la muerte
y tal vez recitar aquellos versos:
polvo serán, más polvo enamorado.
UNA TAZA Y UNAS FOTOS
Hoy he medido el arroz
con aquella taza verde
de café que siempre usabas.
Entonces te rememoro
vigilando las cazuelas
y probando la comida.
Allí, de pie en la cocina,
te hice con el teléfono
una penúltima foto:
vestida ya como siempre
con aquella faja gris
que sujetaba tu cuerpo
desgastado por el tiempo.
Pero la última foto
fue sentada en tu sillón
con tu corona de reina,
ignorábamos entonces
que no habría más fotos
ni más Navidades juntos.
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LA LUNA Y LOS FANTASMAS
Es de noche, la luna
golpea los cristales con su luz
y esculpe brillos en los muebles
del comedor a oscuras.
Desde mi cama observo
las manos de la luz
que con sus dedos de sueño dibujan
unas sombras chinescas
que danzan y parecen fantasmas.
Entonces me levanto
y voy a vuestra puerta,
allí paciente espero
con la luna y las sombras a mi espalda
que me veáis y me llaméis
para poder dormir entre vosotros,
en ese paraíso en que no existen
ni miedos ni fantasmas.

Entrada pueblo (Marquetería) 2011
FRANCISCO COBACHO
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