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LA VIDA PASADA
Frágil el leve reposo
de la pavesa que desciende,
delicada, en un día sin viento.
Y qué asombro ante el misterio
adivinado a través de grietas
abiertas por el recuerdo
y la pérdida.
Pero cómo saber cuánto vivir
mientras hay afán
por colmar los anhelos,
y hasta cuándo posponerlos
si no es posible intuir
qué otoño agotará sus límites.
Mejor tener siempre un lápiz
al alcance de la mano,
ese instrumento que acecha
el levitar poroso de mis miradas,
que ayuda a mostrar lo vivido,
tan lacerado por el tiempo,
y a reconocer que en el camino
de mi debilidad
se desgastó, aunque no sé cuánto,
la vida pasada.
EL MURO
Por su propio peso
cae el tiempo
en el umbral de este presente,
y su certera caída
hace crecer un muro de color terroso,
como si del fondo de un río turbio se tratara.
Sobre él se puede escribir,
con letras caducas, lo sé,
la lista de los recuerdos insalvables
y de las ausencias
medidas en grados de dolor.
Por su blanda pared y sus resquicios
se perderán mis palabras
y solo podré esperar
que crezca otro muro, otro día,
para volver a empezar.
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LUZ DE ASOMBRO
Lento avanza el fotónico cortejo
que llega a hacerse luz de asombro
y al sorprender las cuencas cerradas,
las acaricia, las invita a abrirse.
Franqueado ya el acceso,
inaugurado el engranaje involuntario
dispuesto como por azar,
cada amanecer despierta
un nuevo deseo por desentrañar
las intenciones dormidas.
Entre los restos del combate nocturno,
el corazón, única arma y escudo.
Pero no desvelan los despertares
el misterio de si habrá que lidiar
con los desmanes del viento helado en ráfagas
o si el día nos bendecirá con el gozo
de una tarde rendida,
ungida por el color de la miel.

Chien andalou 4 (Grabado)
LANFRANCO LANARI (FALCONARA MARITTIMA)
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