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EL ÚLTIMO DE NOSOTROS
in memoriam del cóndor Iguiñaro
I
Que se hagan los montes
en el hocico de la sombra
que todos los rapaces vengan de las antípodas
por escuetos barrancos
en los que cada tarde arrumbo cosas
planto hierbajos
planto poemas.
Separaré el fango de las espigas
partiré humedales
para los escarabajos y sus élitros
y las aguas turbulentas irrigarán tu osario
ya tallo de tocte
ya ceniza de volcán,
y por primera vez
un cóndor extinto
planeará en un poema.
Ventisqueros del sur
arrastran sus huesos leves
al deshielo de esta página
porque en ella se sostiene
lo que se derruye
lo que desaparece
las luciérnagas que se apagan
las piedras para alojar al grillo y al gusano,
el arco, el cáñamo
las caléndulas y las heridas.
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II
No es este lugar un lugar sagrado
ni la fundación de una comarca fluvial
ni siquiera una ofrenda de milenrama,
es apenas una grieta transparente
un charco que pesa en el corazón
en el que persiste la memoriosa terquedad
de los emplumados tarsos de Iguiñaro.
III
Para ti escribo
soberano inmemorial
para tu pico ganchudo
atravesando la bella exactitud del equilibrio
cuando volar no era separar la niebla /el aire/el páramo
para la delicada línea que circunvala tu ojo oteador
para ti
ángel oscuro del final de los tiempos
desasido de la niebla
caído
con un perdigón en el pecho
carbunclo trémulo.
Cóndor
dos sílabas como vértigo
planeando sobre la negligencia de toda escritura.
Volar ya no
alas extendidas fuera del éter
ya no
solo un pecho azabache abierto a excoriaciones
como un ojo vacío
sobre volcanes obturados.
Di en qué cima de las nubes
desatas las cintas de tus alas tornasoladas
di
¿llamaremos mundo a este lugar?
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Sorprendí las aguas enloquecidas por la luz, los lirios del abismo,
/ el ruiseñor, de noche, entre los álamos, / y los veloces pájaros del día.
(A. Gamoneda)
GUSTAVO VEGA: "Los veloces pájaros del día " (2018)
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