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EL JOVEN
Ahora que soy un dios, dame la mano.
Vamos juntos. No me importa morir.
Perdamos una tarde, una mañana. Toda la vida.
Dialoguemos sobre cosas fútiles y bellas.
Oh, abrazarlo todo locamente ¡Vamos a ver el mar,
sin detenernos para nada a contemplarlo.
Vamos a ver el mar, con la nuca vuelta de espalda,
ignorándolo como él, cuando nos mira.
Mira cómo tengo los bolsillos vacíos!
Ahora que soy un dios, dame la mano.
EL RETRATO
Esencial, increíble,
descorre el mediodía
con mano férrea y dulce,
el miniado manglar
y sus insectos suaves,
decorados. Acerca
lo entrañable y lo fiel
como un sincero huérfano.
Penetro despaciosa
al vals vertiginoso
de las palmas inmóviles
al sol, de los yerbajos.
Su traje me conmueve
como una oscura música
que no comprendo bien.
Toco la palabra pobre.
CUANDO EL TIEMPO YA ES IDO, UNO RETORNA
Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna
como a la casa de la infancia, a algunos
días, rostros, sucesos que supieron
recorrer el camino de nuestro corazón.
Vuelven de nuevo los cansados pasos
cada vez más sencillos y más lentos,
al mismo día, el mismo amigo, el mismo
viejo sol. Y queremos contar la maravilla
ciega para los otros, a nuestros ojos clara,
en donde la memoria ha detenido
como un pintor, un gesto de la mano,
una sonrisa, un modo breve de saludar.
Pues poco a poco el mundo se vuelve impenetrable,
los ojos no comprenden, la mano ya no toca
el alimento innombrable, lo real.
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COMO UN DULCE INSTRUMENTO
Al despertar, mi oído,
como un dulce instrumento,
fue tocado del hondo
sillón, y de los coches.
Se me entraron los ojos
al claror tembloroso:
pusieron violonchelo
razonante y tristísimo.
El cuerpo recostado
lento orquestaba opaco
el sonido del mundo.
Pasó mi madre oscura.
VARIACIONES SOBRE EL TIEMPO Y EL MAR
El mar me dice: soy viejo. Antes que el tiempo fuera
ya yo golpeaba sordo, brillaba y restallaba.
Me tiendo como un león o como la espada inservible
de un guerrero después de una batalla perdida.
Sostengo las devastadas murallas, las ruinas silenciosas.
Soy lo que no habéis visto y lo que habéis olvidado.
Vuestro cuerpo me toca sin saber que atraviesa
un órgano sin memoria, más distante que un astro.
Fuera de la esperanza y la desesperanza
miré la espuma fenicia y el olor de las comidas.
Recuerdo el comercio y el cambio como una rosa salvaje
y las palabras que oí como el tesoro que se hunde.
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Temps de serenor
ENRIC VELO
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