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ARMONÍA
Oye cómo se aman los tigres
y se llena la selva con sus hondos jadeos
y se rompe la noche con sus fieros relámpagos.
Mira cómo giran los astros en la eterna
danza de la armonía y su silencio
se puebla de susurros vegetales.
Huele la espesa miel que destilan los árboles,
la leche oscura que sus hojas exudan.
El universo entero se trenza y se destrenza
en infinitas cópulas secretas.
Sabias geometrías entrelazan las formas
de dulces caracoles y de ingratas serpientes.
En el mar hay un canto de sirenas.
Toca mi piel,
temblorosa de ti y expuesta a las espinas,
antes de que regrese al agua y a la tierra.
Del libro "De círculo y ceniza" (1989)
TIEMPOS DE PESADUMBRE
Pongo mi corazón sobre esta mesa,
transido, desatado, hondo de pena.
Qué tirante y azul el cielo con su ojo.
Pero este oscuro dardo en el costado,
el látigo chirriando
y la espuela que quema la mejilla.
Y este dolor aquí,
ese dolor de todos,
su rostro contra el polvo y este llanto.
Pongo mi corazón sobre esta mesa,
impúdico, aterido, con sus clavos.
Un viento atolondrado
despeina en mi jardín el algarrobo.
Pero
y esta piedra en el pecho,
y este piso de erizos, y el mordisco rabioso,
y esta taza en pedazos que nos corta los dedos.
Mi corazón se obstina y el sol calienta afuera,
y tan sólo callamos con la mano en la frente.
Del libro "Nadie en casa" (1994)
CANCIÓN DEL SODOMITA
Habrá una grandísima peste.
ÉXODO, 9, 3
Han izado el amor. Lo están clavando
coronado de ortigas y de cardos.
Le han cortado las manos, han echado
sal y azufre en sus pálidos muñones.
Ah, mi joven amado, el tiempo es breve.
Suenan ya las trompetas e iracunda
la luna enrojecida afrenta al cielo.
Déjame acariciar tu frente ardida en sueños,
contemplar para siempre tus párpados violeta.
Deja que desanude mi deseo,
que coloque la palma de mi mano
sobre la rosa hirviente que florece en tu pecho.
Ah, mi joven amado que duermes mientras huye
la multitud con un largo sollozo:
una lluvia de sangre cae sobre Sodoma.
Dame tus muslos blancos, tu axila, el dulce cuello,
antes de que en silencio se deslice
el ángel con su espada de exterminio.
Del libro "El Hilo de los días" (1995)
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LA NIEVE
Fue la nieve la que inventó el misterio
AMELIE NOTHOMB
Otra vez habría que decir
que hay algo de rotunda fantasía en la nieve:
aun en aquella que se hace pozo gris
y sin embargo
vive antes un instante de dura apoteosis.
Y qué decir de la infinita, perturbadora nieve
de las enormes extensiones:
ah, qué fábula de hielo su blancura
y cómo nos arroba, cómo nos petrifica al borde
de su mudez. Su forma
de atraernos no es dulce como la de los mares
o serena
como la de ese otro mar que es la llanura.
La nieve nos espanta.
Nos acerca con distante fervor a la belleza.
Nos humilla con su luz seca y grave.
Y nos seduce
porque ella fue la que inventó el misterio
- el que en su centro, imperturbable, calla -
Del libro "Tretas del débil" (2004)
PERLAS
Como el molusco
los poetas tenemos una belleza extraña,
que atrae y que repugna.
Nos gusta el fondo amargo de las aguas,
y en las profundidades vivimos, respiramos,
escondidos debajo de las conchas calcáreas
y a menudo aferrados a las piedras.
Cada tanto,
un elemento extraño nos invade,
se enquista en nuestra entraña
y comienza a crecer.
Una hermosa señal de que no estamos solos,
de que somos del mundo, para el mundo.
Amamos esa masa que crece en nuestros vientres,
que se hace dura y bella a expensas de lo blando.
La cerrazón asfixia, sin embargo.
Por eso nos abrimos y expulsamos
esas íntimas lágrimas,
casi siempre imperfectas.
Lo oscuro pare luz, y eso consuela.
Del libro "Explicaciones no pedidas" (2011)
Poesía Reunida, Editorial Lumen, Barcelona, 2016
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